EDITORIAL

8M. AHORA LO CONTAMOS LAS MUJERES

8M. AHORA LO CONTAMOS LAS MUJERES

Por MAGGIE CRUZ. Cuentan aquellos hombres que en esos tiempos antes de Cristo, las mujeres no existían como tal o en su defecto eran vistas como seres inferiores, al menos eso es lo que exponían los grandes filósofos de la época, esos generadores de pensamiento que creían en la superioridad del hombre.

Para Platón las mujeres eran el resultado de una degeneración física del ser humano, mientras que su discípulo, el gran Aristóteles, decía que la mujer era un hombre incompleto, seres humanos defectuosos. Después de Cristo la apreciación no cambió y aunque ascendimos un tanto porque ya éramos consideradas una criatura de dios, seguíamos siendo una criatura inferior. El hombre fue creado a su imagen y semejanza -dicen ellos-… y la mujer? Somos quienes hemos cargado con la cruz de la invisibilidad y el menosprecio desde esos tiempos tan remotos que parecen pronto porque solo hace muy poco es que esa tradición empezó a cambiar y no gracias a dios -q como dicen- también es hombre.

La lucha ha sido dura en un mundo de hombres, la historia ha sido dura al ser contada por hombres que han mermado el papel que han ido cometiendo esas mujeres en aquellas grandes transformaciones, en esas intensas revoluciones que cambiaron el devenir de la historia. En América podemos hablar de aquellas espías, luchadoras y heroínas en las guerras de Independencia como Juana Azurduy, en el Alto Perú (actual Bolivia), Policarpa Salavarrieta “La Pola” en Colombia, Rosa Campuzano Cornejo en Perú, Manuelita Saenz y Manuela Espejo en Ecuador. No obstante, esa participación ha sido denostada, silenciada, mirando a estas mujeres patriotas de forma esquiva, arrinconadas como una vitualla más de guerra y terminando en su mayoría, como lo describe la historiadora Eva Sarmiento, en un completo anonimato.

Cuentan aquellos hombres que en los primeros años del siglo XX, hablamos de 1911, un grupo de mujeres se movilizaron reclamando el reconocimiento de sus derechos: derecho al trabajo, a la formación profesional, a la no discriminación laboral… Y lo consiguieron ¡claro q lo consiguieron! en parte, pero la cuota para conseguir esos derechos mermados aún, fue al cambio la vida de 140 mujeres, la mayoría inmigrantes que murieron en la fábrica de textiles de Nueva York.

Q nos dejó además ese 8 de marzo? el reconocimiento en el calendario de un día para reivindicar la lucha por los derechos y la igualdad de las mujeres; para reconocer el papel que tienen las mujeres en el mundo: el Día Internacional de la Mujer o el Día de la Mujer Trabajadora.

Otras luchas han sido el derecho al sufragio, derecho que se ha ido conquistando a tinta gotas, permitiendo primero el voto femenino en municipales o plebiscitos y por fin el voto total. Nueva Zelanda es el primer país en reconocerlo en 1893. En Europa, las mujeres de Finlandia fueron las primeras en 1906. En el caso de España fue en 1931 para ser suspendido en la dictadura y por fin recuperado en 1976.

En América, Estados Unidos lo obtiene en 1920 seguido de Ecuador en 1929, Venezuela en 1947, saltamos a Bolivia en 1952, Colombia en el 54, Perú en el 55 y los últimos Paraguay y Brasil en el 61. Aquí destacamos a dos activistas que desde la participación política alcanzaron este derecho: la diputada Elvia Carrillo Puerto “la Monja Roja del Mayab” de México en 1953 y Eva Duarte de Argentina en 1947, una insignia del país, decía Cristina Fernández.

Y de ese voto por primera vez a la conquista del principal cargo público, la presidencia de un país. Puede que Latinoamérica esté dentro de los países de renta media, que existan altos niveles de desigualdad y exclusión social, especialmente entre las mujeres, los pueblos indígenas, afro descendientes y jóvenes…pero la gran diferencia con los países del denominado primer mundo es que la región es pionera en la elección de mujeres mandatarias.

Violeta Chamorro fue la primera mujer en llegar a la presidencia de Nicaragua en 1990, en ese entonces su elección fue vista como una noticia extraordinaria en la región y en el mundo, atónitos se quedaron no solo ellos, nadie se lo creía; sin embargo ahora, ya parece que se van convenciendo que ellas no solo están para deambular por los palacios presidenciales ostentando solo un fútil titulo de primera dama.

Mireya Moscoso en Panamá (1999), Portia Simpson en Jamaica (2006), Michelle Bachelet en Chile (2006 y 2014), Dilma Rousseff en Brasil (2010 y 2014), Cristina Fernández en Argentina (2007 y 2011), Laura Chinchilla de Costa Rica (2010). O aquellas que probaron las mieles del gobierno como presidentas interinas por sucesión o encargo parlamentario como Isabel Martínez en Argentina (1974), Lidia Gueiler en Bolivia (1979), Janet Rosemberg en Guyana (1997) o Rosalía Arteaga en Ecuador (1997).

Cuentan aquellos hombres que esto no es causalidad sino el resultado de una herencia allanada por sus antecesores -hombres comedidos- aunque haya habido mujeres que se dejaron la vida en su lucha como las hermanas Mirabal en República Dominicana contra la dictadura de Trujillo.
En definitiva, muchas mujeres que han dejado su impronta en este mundo. Muchas en primera fila y otras que ejercen cargos en otros sectores gubernamentales como vicepresidencias, congreso, ministerios, incluso en el de Defensa tradicionalmente dirigido por hombres. Muchas más vendrán, el camino se está construyendo decía la exvicepresidenta de Perú, Marisol Espinosa (2011-2017).
Pues sí, varios logros y mayor apertura en lo económico, social, cultural y político pero hay campos que aún se nos resisten como el científico y el judicial. Aquí en España lo vemos, pocas mujeres en este sector, una herencia más del pasado, porque ésta era una de las carreras negadas para las mujeres; sin embargo, ahora leemos titulares como “El 70% de los nuevos jueces son mujeres” (Público, abril 2018) o “Juezas, criminólogas o médicos: las profesiones cambian de género” (ABC, marzo/2018).

La fuerza de las reivindicaciones se traduce también en un proceso más amplio de mejoras sociales y económicas, pero hay regiones donde aún se lucha porque exista o mejoren las políticas de igualdad de género, como los derechos de la sexualidad y reproductivos donde nos encontramos a activistas como la política mexicana Hermilda Galindo y Esperanza Brito, o a la misma Michel Bachelet cuando dirigía ONU MUJERES decía esto un 8 de marzo de 2013…

“Creemos en la igualdad de derechos de mujeres y hombres… Hoy y cada día decimos: NO a la violencia, NO a la discriminación y la violencia contra mujeres y niñas, NO a la violencia doméstica y los abusos, NO a violaciones y la violencia sexual, NO a la trata de seres humanos y la esclavitud sexual, NO a la mutilación genital femenina, NO al matrimonio infantil, NO a los asesinatos cometidos en nombre del honor o la pasión, NO al feminicidio, NO a la impunidad”

Mucho camino aun por recorrer, muchos espacios aun por alcanzar, pero ¡ahora …lo contamos las mujeres!

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marzo 7th, 2019

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